Sin un entorno seguro, en el que las personas se sientan libres de expresarse y confíen en quienes las rodean, las ideas no se comparten y los problemas se ocultan. Por eso, al incorporar la inteligencia artificial, la dirección tiene que dejar claro para qué está: ¿para potenciar el trabajo del equipo, o para monitorizarlo y reemplazarlo? El menor atisbo de duda basta para crear un entorno hostil en el que crecen, poco a poco, la desmotivación y la desconfianza, hasta minar el compromiso del equipo. Un entorno seguro no se impone: surge cuando los líderes son transparentes y dan ejemplo, también con el papel que dan a la IA.
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